Nada que aún pueda
nada que deba
nada que sea justo
nada que no sea en vano.
Nada que no sepas
Nada imprevisible
Nada saludable,
Nada,
Nada.
Redúcete a eso y quédate ahí con la forma de la no-forma
en la uniformidad de no ser,
permanece amorfa en el equilibro de desaparecer de mí
Desvanécete para mí
Sobretodo de mi mente.
Sé feliz
en los tiempos libres que permita TU mente,
tu alma,
tu cuore.
Si pudiera pedirte la felicidad de no haberte conocido...
vaya regalo preciado el que me ningunea el tiempo.
(será que lo merezco)
Guardarme tras mis párpados para ejercitar un viaje a más allá de la muerte. Leer la verdad en mis propias huellas (madres de su tiempo). En mi gente del alma delectar la concientizada caterva. (Miguel Abuelo)
viernes, 15 de marzo de 2013
miércoles, 13 de marzo de 2013
Adelante, sírveme de las razones
para descomponerme y redimirme
soltar la mano, escupir la tierra
arrepentirme, arar de nuevo
sembrar el día que sonríe
sabiendo siempre que su mueca es falsa.
¿Sonreír?
es difícil despertar
y no tener canciones que llenen el espacio vacío
que duerme a los pies de mi vientre
¿Amar?
es fácil desprenderse si pálidas manos
te sacan de mí
así como así.
Corazón:
ya hizo las valijas
para el viaje que empieza
y no claudicará.
para descomponerme y redimirme
soltar la mano, escupir la tierra
arrepentirme, arar de nuevo
sembrar el día que sonríe
sabiendo siempre que su mueca es falsa.
¿Sonreír?
es difícil despertar
y no tener canciones que llenen el espacio vacío
que duerme a los pies de mi vientre
¿Amar?
es fácil desprenderse si pálidas manos
te sacan de mí
así como así.
Corazón:
ya hizo las valijas
para el viaje que empieza
y no claudicará.
y será que sí:
debo entregarme nuevamente a las bocas que no corresponden
a los cuerpos que no me reconocen
a las noches voraces
a las lágrimas de fiebre
a los escritos en los cuales apago el corazón como un pucho insignificante contra el cenicero en el que se convierte mi estúpido cúmulo de sentires que me fagocitan sin piedad...
"Ay... Leonel"... me dice mamá...
es que ella me ha visto en el suelo
tendido como un ocaso irreparable
y envuelto en la bruma espesa.
Este es el comienzo, nos conocemos las fauces como gato y ratón:
mi corazón hablará una vez más, desde el dolor pero también
desde una luz nueva que se abre y que dice
que haré lo imposible por desgranarme
para siempre.
debo entregarme nuevamente a las bocas que no corresponden
a los cuerpos que no me reconocen
a las noches voraces
a las lágrimas de fiebre
a los escritos en los cuales apago el corazón como un pucho insignificante contra el cenicero en el que se convierte mi estúpido cúmulo de sentires que me fagocitan sin piedad...
"Ay... Leonel"... me dice mamá...
es que ella me ha visto en el suelo
tendido como un ocaso irreparable
y envuelto en la bruma espesa.
Este es el comienzo, nos conocemos las fauces como gato y ratón:
mi corazón hablará una vez más, desde el dolor pero también
desde una luz nueva que se abre y que dice
que haré lo imposible por desgranarme
para siempre.
ey!
¡acá estoy!
Grito desde el silencio! mi vida condenada al constantoxímoron
¿qué pasa que no me mirás?
¿tengo que estirarme, estratósfriendly?
o es que debo taparle a todos la cara con marcador indeleble?
¿qué sucede que tus ojos...
ya no repiten el aplauso de pestañas
que al tonto ego de mi ternura (sino al revés) le
encanta?
¿qué pasó con el perfume que yo advertía
quedarse aferrado a dientes y uñas
a cada prenda mía que, siquiera, besaba la misma atmósfera que la tuya?
¿Dónde me hallo sino en la mira inexorable
con la que solías hace magro tiempo medir la zona de ataque?
(yo habría de dejarme)
¿Dónde me encuentro sino extraviado
en todo lo que sea que alcancen tus brazos?
(que hermosamente y siempre tienen mi forma)
Si me estás leyendo
que no te cause rechazo
soltar las palabras de los ojos
vencer a este orgullo con cara de sicario insensible
y tomarme de una vez y para
siempre, Melanie.
Grito desde el silencio! mi vida condenada al constantoxímoron
¿qué pasa que no me mirás?
¿tengo que estirarme, estratósfriendly?
o es que debo taparle a todos la cara con marcador indeleble?
¿qué sucede que tus ojos...
ya no repiten el aplauso de pestañas
que al tonto ego de mi ternura (sino al revés) le
encanta?
¿qué pasó con el perfume que yo advertía
quedarse aferrado a dientes y uñas
a cada prenda mía que, siquiera, besaba la misma atmósfera que la tuya?
¿Dónde me hallo sino en la mira inexorable
con la que solías hace magro tiempo medir la zona de ataque?
(yo habría de dejarme)
¿Dónde me encuentro sino extraviado
en todo lo que sea que alcancen tus brazos?
(que hermosamente y siempre tienen mi forma)
Si me estás leyendo
que no te cause rechazo
soltar las palabras de los ojos
vencer a este orgullo con cara de sicario insensible
y tomarme de una vez y para
siempre, Melanie.
martes, 12 de marzo de 2013
Y si peregrino próximo al abismo
es porque busco, a inconsciente precio;
yo te busco por dentro de los cables de un tiempo empapado:
todo estallará, paisaje de electrocución.
Yo te quiero a los pies de la impiadosa muerte,
que me encuentra desgajándome bajo la ígnea mirada solar;
te encuentro en el césped, privándome uno a uno
de esos pétalos vitales
que me daban sentido.
Yo te amo más que nunca desde el silencio implantado por un turbio devenir
que trae viento pero también besos, resurreción, ¡amor!
te deseo incluso más, desde la atribulada noche
en que la sospecha plantó pistas falsas,
que no impidieron, sin embargo, que el pálido astro escamotee las penas.
Desde nuestra flamante película sordomuda
me visto de negro, maquillo de blanco,
y compro una galera:
a ver si llego a encontrarte...
es porque busco, a inconsciente precio;
yo te busco por dentro de los cables de un tiempo empapado:
todo estallará, paisaje de electrocución.
Yo te quiero a los pies de la impiadosa muerte,
que me encuentra desgajándome bajo la ígnea mirada solar;
te encuentro en el césped, privándome uno a uno
de esos pétalos vitales
que me daban sentido.
Yo te amo más que nunca desde el silencio implantado por un turbio devenir
que trae viento pero también besos, resurreción, ¡amor!
te deseo incluso más, desde la atribulada noche
en que la sospecha plantó pistas falsas,
que no impidieron, sin embargo, que el pálido astro escamotee las penas.
Desde nuestra flamante película sordomuda
me visto de negro, maquillo de blanco,
y compro una galera:
a ver si llego a encontrarte...
Nena
tu piel
me significa;
me da pan,
sin trigo mediante
me da ocaso
sin atardeceres
me da luna
(anticipada, ella)
y tus besos
me dan, agridulces,
las puñaladas del amor
que me encuentran permeable
y caigo súbitamente
en el laberinto de abrazos
que no son otra cosa que aquello que llevas siempre
bajo tu dulce ala
que me hiere y encanta
sombras de miel
de abejas
de ébano
tu piel
me significa;
me da pan,
sin trigo mediante
me da ocaso
sin atardeceres
me da luna
(anticipada, ella)
y tus besos
me dan, agridulces,
las puñaladas del amor
que me encuentran permeable
y caigo súbitamente
en el laberinto de abrazos
que no son otra cosa que aquello que llevas siempre
bajo tu dulce ala
que me hiere y encanta
sombras de miel
de abejas
de ébano
domingo, 10 de marzo de 2013
Las copas guardan en el alcohólico líquido
lo proporcional con respecto a cuántas esperanzas quedan en tu bolsillo:
a medida que ella bebe de los vasos
que él sirve, como siempre en estos casos,
ese bolsillo se desnuda paulatinamente,
y quien escribe no quisiera que haya más proporciones por el estilo,
sobretodo si en vez del vaso la comparación se mueve al depositario de esperanzas, llámese (nuevamente): bolsillo
lo proporcional con respecto a cuántas esperanzas quedan en tu bolsillo:
a medida que ella bebe de los vasos
que él sirve, como siempre en estos casos,
ese bolsillo se desnuda paulatinamente,
y quien escribe no quisiera que haya más proporciones por el estilo,
sobretodo si en vez del vaso la comparación se mueve al depositario de esperanzas, llámese (nuevamente): bolsillo
miércoles, 6 de marzo de 2013
y lloran:
los niños, los viejos,
los del medio;
los animales,
los parques,
los días,
(y fundamentalmente esa plena luna llena);
las consumaciones de sábados por la noche y domingos al mediodía,
los luchadores atemporales, del cosmos y de la tierra,
todos ellos, encarnaciones o no,
se visten hoy de luto,
aunque mañana se celebrará,
porque es una farsa,
(y ellos lo saben, naturalmente)
no tanto por ser una idea despreciable,
sino por aquella férrea promesa, más bien,
de que la Estrella
es el destino, y qué mejor que haberte reuinido
no con una, sino con miles, millones,
para que astronómicos dígitos correspondan al cielo eterno de las revoluciones, y sean miles,
insisto, millones,
y los desposeídos y olvidados de siempre, un romantrágico recuerdo
contado por los verdaderos voceros,
de la Libertad de los hombres, vale decir:
aquellos que atribuyen el rojo no a la vergüenza o al rubor,
no a la cólera o a la decidida frivolidad,
sino, claro, a eso que has sembrado en tantos:
la Dignidad.
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, COMANDANTE HUGO RAFAEL CHÁVEZ FRÍAS. TU LUCHA NO SERÁ EN VANO.
los del medio;
los animales,
los parques,
los días,
(y fundamentalmente esa plena luna llena);
las consumaciones de sábados por la noche y domingos al mediodía,
los luchadores atemporales, del cosmos y de la tierra,
todos ellos, encarnaciones o no,
se visten hoy de luto,
aunque mañana se celebrará,
porque es una farsa,
(y ellos lo saben, naturalmente)
no tanto por ser una idea despreciable,
sino por aquella férrea promesa, más bien,
de que la Estrella
es el destino, y qué mejor que haberte reuinido
no con una, sino con miles, millones,
para que astronómicos dígitos correspondan al cielo eterno de las revoluciones, y sean miles,
insisto, millones,
y los desposeídos y olvidados de siempre, un romantrágico recuerdo
contado por los verdaderos voceros,
de la Libertad de los hombres, vale decir:
aquellos que atribuyen el rojo no a la vergüenza o al rubor,
no a la cólera o a la decidida frivolidad,
sino, claro, a eso que has sembrado en tantos:
la Dignidad.
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, COMANDANTE HUGO RAFAEL CHÁVEZ FRÍAS. TU LUCHA NO SERÁ EN VANO.
Esperarte
Si me lo pedís
con una mano en el pecho
y así, con los ojos embebidos en agua
(que lava la cara,
que lava el corazón)
yo, convertido en esta débil masa que se deshace
y abrazando flamantes formas (que ya no son tales);
con la mente enferma
pero con intacta convicción de amor,
con la certeza de añorar tu imprescindible cancion envolviéndome,
te prometo que quedo tendido en la llanura del tiempo
al ras del centro de la tierra
al filo de la decadencia que no habrá, esta vez, de corromperme
yo beso la melancolía de esperarte.
(a Melanie; mi amor, mi compañera, mi canción de noche y de día, de esperanza y resurreción)
con una mano en el pecho
y así, con los ojos embebidos en agua
(que lava la cara,
que lava el corazón)
yo, convertido en esta débil masa que se deshace
y abrazando flamantes formas (que ya no son tales);
con la mente enferma
pero con intacta convicción de amor,
con la certeza de añorar tu imprescindible cancion envolviéndome,
te prometo que quedo tendido en la llanura del tiempo
al ras del centro de la tierra
al filo de la decadencia que no habrá, esta vez, de corromperme
yo beso la melancolía de esperarte.
(a Melanie; mi amor, mi compañera, mi canción de noche y de día, de esperanza y resurreción)
lunes, 4 de marzo de 2013
Excepciones
El camino marca los pasos indómitos;
La presa elige su parte más jugosa;
El asesino deja las huellas pertinentes;
El filo del cuchillo disculpa a los dedos, y los besa;
La fiebre lo deja dormirse, esta vez.
La desértica musa se viste de agua para él.
El tambor le concede al pálido, aquel toque ancestral.
El amor no exprime su piel como vulnerable cítrico.
El domingo no traza lazos con el fracaso.
Pero el hambre insiste, y cocina la muerte de alguien que aún no existe.
La presa elige su parte más jugosa;
El asesino deja las huellas pertinentes;
El filo del cuchillo disculpa a los dedos, y los besa;
La fiebre lo deja dormirse, esta vez.
La desértica musa se viste de agua para él.
El tambor le concede al pálido, aquel toque ancestral.
El amor no exprime su piel como vulnerable cítrico.
El domingo no traza lazos con el fracaso.
Pero el hambre insiste, y cocina la muerte de alguien que aún no existe.
viernes, 1 de marzo de 2013
y un día lo supo:
descubierto el velo,
empapado el puñal pero
en indecisa agonía,
y con los ojos, como nunca, al desnudo
para aburrirse bajo tierra de una vez, y para siempre
sin nada pendiente
sin llamadas por hacer
sin manos que acariciar
sin un cuello que someter
sin el sabor indigno de la impotencia:
el rostro del enemigo
era el espejo
que todo contiene
descubierto el velo,
empapado el puñal pero
en indecisa agonía,
y con los ojos, como nunca, al desnudo
para aburrirse bajo tierra de una vez, y para siempre
sin nada pendiente
sin llamadas por hacer
sin manos que acariciar
sin un cuello que someter
sin el sabor indigno de la impotencia:
el rostro del enemigo
era el espejo
que todo contiene
martes, 26 de febrero de 2013
La casa seguía siendo la misma, obviando lógicamente el estigma insoslayable del tiempo; todo estaba donde había sido dejado otrora; incluso ese viejo reloj de pared que todo lo observa desde un aparente y macabro silencio (silencio que se rompe ni bien se siembra sospecha acerca de su sigiloso caminar).
Había tomado mucho tiempo organizar las piezas necesarias para tamaña empresa, quiero decir, la que al regreso respecta. No fue fácil desprenderse del presente y del futuro para jugarse el todo por esa (posible y aparente) nada. Sin embargo una suerte de frenesí interno (no como esos fuegos cotidianos sino uno realmente vasto, apoteótico) le pidió desde la mismísima perla interior, volver unas cuántas páginas, capítulos, ¿libros? para buscar ese sinsaber que lo llene, que le dé forma, que lo empape de placer, que lo (re)signifique.
Muchos (generalicemos para hablar de lo que no sabemos) suponen que esta especie de auto-revisionismo conlleva una (otra) suerte de baño espiritual digno de ese riesgo, mientras los menos (sin incluirme en ninguna parte y, ¿por qué no?, pecando de tibio) creemos que el dolor y la nostalgia son amantes del filo de los besos.
Bien: centremos la atención en la casa, en el hombre, en la historia, léase, en el tiempo (y su paso inclaudicable). Vaya a saber cuál fue el motor del quía en cuestión para retroceder vitales casilleros en pos de... ¿qué? el asunto es considerar que el haber pensado que la casa estaría vacía era muy ingenuo de su parte, tanto que hasta doy por hecho lo previsible del asunto: habría que decidir, esta vez, cuál de los dos ocuparía el lugar correspondiente en ese umbral fosforescente, dado que la mujer dueña de los senderos del sentido ya no está, y cuidar de los gatos, cuando no de uno mismo, no es tarea nimia.
Había tomado mucho tiempo organizar las piezas necesarias para tamaña empresa, quiero decir, la que al regreso respecta. No fue fácil desprenderse del presente y del futuro para jugarse el todo por esa (posible y aparente) nada. Sin embargo una suerte de frenesí interno (no como esos fuegos cotidianos sino uno realmente vasto, apoteótico) le pidió desde la mismísima perla interior, volver unas cuántas páginas, capítulos, ¿libros? para buscar ese sinsaber que lo llene, que le dé forma, que lo empape de placer, que lo (re)signifique.
Muchos (generalicemos para hablar de lo que no sabemos) suponen que esta especie de auto-revisionismo conlleva una (otra) suerte de baño espiritual digno de ese riesgo, mientras los menos (sin incluirme en ninguna parte y, ¿por qué no?, pecando de tibio) creemos que el dolor y la nostalgia son amantes del filo de los besos.
Bien: centremos la atención en la casa, en el hombre, en la historia, léase, en el tiempo (y su paso inclaudicable). Vaya a saber cuál fue el motor del quía en cuestión para retroceder vitales casilleros en pos de... ¿qué? el asunto es considerar que el haber pensado que la casa estaría vacía era muy ingenuo de su parte, tanto que hasta doy por hecho lo previsible del asunto: habría que decidir, esta vez, cuál de los dos ocuparía el lugar correspondiente en ese umbral fosforescente, dado que la mujer dueña de los senderos del sentido ya no está, y cuidar de los gatos, cuando no de uno mismo, no es tarea nimia.
lunes, 25 de febrero de 2013
lunes, 18 de febrero de 2013
Los espejos rompían a diario con su anémica estabilidad psíquica, lo cual un poco jugaba como muestra de su dualidad característica (la suya y la del espejo, dualidad que, por cierto, lo somete a un sinfín de situaciones confusas, sobretodo cuando la ayuda de un tercero [o de él mismo, en rigor] no está entre las posibilidades).
Supo contarme de aquel episodio confuso una mañana en la que, según dijo, el sol no pudo con sus bajas intenciones respecto de someterlo al peso incomensurable del tiempo, el sueño, y esa vieja frazada que conoce acerca de los límites (y más allá) de la perseverancia, o (y acaso sin escalas), de los de la decidida obstinación.
Cuestión: el tipo me dijo que se lo tragó un espejo. Así nomás; sin tapujos, de frente mal, de una, zarpó. Bien. Evidentemente zafó pero, y lo digo de manera franca, tuve miedo. Y no adentré... me salitré de allitré al instantré.
El tema es que me llevó un buen tiempo procesar semejante (tan flamante) sapiencia: resulta que no podés ni hacer la fila para des-hipotecar un poco tu alma (presa inherente a la naturaleza de un león traji-corbato, capitABISMO) que ya corrés el riesgo de quedar atrapado (con todo y consciencia y bajezas y lo que sea) entre los confines de la inminente yeta hepta-tónica (la del espejo-guitarrista te la cuento otro día).
No obstante, lo que aquí importa es saber: ¿qué escamotean los espejos? ¿qué suerte de pasadizos nos guarda ese mundo paralelo en donde tal vez encontrarnos una segunda billetera, una segunda mujer, una tercera guerra y una infinidad de neo-logismos, sea la manera de coquetear con un infierno agridulce?
Yo creo que el miedo no pasa por la indecisión; ("yo me mando", dirán). El asunto verdaderamente jodido sería quedarse atrapado, al menos, por siete años, y no tener ni siquiera un disco de Mateo o el Flaco.
Supo contarme de aquel episodio confuso una mañana en la que, según dijo, el sol no pudo con sus bajas intenciones respecto de someterlo al peso incomensurable del tiempo, el sueño, y esa vieja frazada que conoce acerca de los límites (y más allá) de la perseverancia, o (y acaso sin escalas), de los de la decidida obstinación.
Cuestión: el tipo me dijo que se lo tragó un espejo. Así nomás; sin tapujos, de frente mal, de una, zarpó. Bien. Evidentemente zafó pero, y lo digo de manera franca, tuve miedo. Y no adentré... me salitré de allitré al instantré.
El tema es que me llevó un buen tiempo procesar semejante (tan flamante) sapiencia: resulta que no podés ni hacer la fila para des-hipotecar un poco tu alma (presa inherente a la naturaleza de un león traji-corbato, capitABISMO) que ya corrés el riesgo de quedar atrapado (con todo y consciencia y bajezas y lo que sea) entre los confines de la inminente yeta hepta-tónica (la del espejo-guitarrista te la cuento otro día).
No obstante, lo que aquí importa es saber: ¿qué escamotean los espejos? ¿qué suerte de pasadizos nos guarda ese mundo paralelo en donde tal vez encontrarnos una segunda billetera, una segunda mujer, una tercera guerra y una infinidad de neo-logismos, sea la manera de coquetear con un infierno agridulce?
Yo creo que el miedo no pasa por la indecisión; ("yo me mando", dirán). El asunto verdaderamente jodido sería quedarse atrapado, al menos, por siete años, y no tener ni siquiera un disco de Mateo o el Flaco.
sábado, 16 de febrero de 2013
un súbito frío
vedó mi pecho
un más allá... cercano, más bien;
jalando de mis pulmones, con una soga de tiempo,
tiempo que también se veía
en tan elástico afán
y la cabeza, como universo supra-terreno
(ensalada intergaláctica dentro de una psiquis avinagrada:
todo lo puede
todo lo vierte
todo lo que no: sugerirlo divierte)
y Tadeo me ve y comprende y su luz me cuida;
Hugo también aunque (intuyo) sin saberlo
y la casa es la misma
y la gata está ahí
y el amor es un recuerdo que adormila o anestesia nuestra eterna necesidad
de coquetear con los subsuelos
(dolorosos, pero siempre dulces)
vedó mi pecho
un más allá... cercano, más bien;
jalando de mis pulmones, con una soga de tiempo,
tiempo que también se veía
en tan elástico afán
y la cabeza, como universo supra-terreno
(ensalada intergaláctica dentro de una psiquis avinagrada:
todo lo puede
todo lo vierte
todo lo que no: sugerirlo divierte)
y Tadeo me ve y comprende y su luz me cuida;
Hugo también aunque (intuyo) sin saberlo
y la casa es la misma
y la gata está ahí
y el amor es un recuerdo que adormila o anestesia nuestra eterna necesidad
de coquetear con los subsuelos
(dolorosos, pero siempre dulces)
domingo, 20 de enero de 2013
El sueño cúlmine (para acunar a las mariposas de Tade)
Vienen a dormir
(pienso)
y así como besan el jardín
se vuelven
luna
trasgrediendo incluso
el día
que nos
vence
Ma
ri
po
sa
luz de
cuento
apenas oí
del despliegue
final
de tus alas
vi agazapada a la muerte
que ríe
y llora
y todo lo cubre
Vuelan en sueños
lúgubres y alados
o acaso vienen a beber
de este silencio de duendes
que arde en audio
como una verde
música
(pienso)
y así como besan el jardín
se vuelven
luna
trasgrediendo incluso
el día
que nos
vence
Ma
ri
po
sa
luz de
cuento
apenas oí
del despliegue
final
de tus alas
vi agazapada a la muerte
que ríe
y llora
y todo lo cubre
Vuelan en sueños
lúgubres y alados
o acaso vienen a beber
de este silencio de duendes
que arde en audio
como una verde
lunes, 31 de diciembre de 2012
los que están
los que se van
los que, en rigor, nunca fueron:
todo vía, tras la vorágine de fiebre
de un año que ha de guarecerse para siempre
en la casa hecha de olvido
(o no)
no sé...
si a mí me preguntan
quisiera ver de fiesta al pobre:
el rico nos ha asqueado
con su desfile de mesas ampulosas
teñidas de felicidad
(no habiendo esencia, supongo, que se jerarquice como sucedáneo...
o será que acaso no tuerzo
mi brazo de
fe)
Limpiar el espíritu
con un fuego de amor terreno
en las costas del hombre
que se lance a las aguas
de aquello por conocer
eso quiero, 365... 66 veces cuando mucho.
los que se van
los que, en rigor, nunca fueron:
todo vía, tras la vorágine de fiebre
de un año que ha de guarecerse para siempre
en la casa hecha de olvido
(o no)
no sé...
si a mí me preguntan
quisiera ver de fiesta al pobre:
el rico nos ha asqueado
con su desfile de mesas ampulosas
teñidas de felicidad
(no habiendo esencia, supongo, que se jerarquice como sucedáneo...
o será que acaso no tuerzo
mi brazo de
fe)
Limpiar el espíritu
con un fuego de amor terreno
en las costas del hombre
que se lance a las aguas
de aquello por conocer
eso quiero, 365... 66 veces cuando mucho.
martes, 18 de diciembre de 2012
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