Como la fiebre
se multiplican
corroen con sus dedos
impunes, infecciosos
acechan
se divierten
y, a nuestros pies, vomitan
su maldita obra maestra;
hecha de sudor
y pintada a sangre nueva
A quienes se regocijan:
¿Querían cobija?
¿buscaban flagelo?
¿tenían frío?
¿Precisaban dueño?
Siendo gráfico:
si preciso contención
acudo al hermano...
¿Cómo te figuras, compadre
con las muñecas muertas
e imposibles, tras la espalda?
¿Cómo te intuyes, ya fragmentado
y condenado a la silla
de los que señalan las artes?
¿los días?
¿el hambre?
¿las risas?
¡Los viernes errantes!
¿Los colores?
¿los amigos?
¿los tabúes hermosos?
¿los amantes?
Los queremos lejos
y yo, digo... tanto... que hasta por ahí me revuelvo y
pienso en un deseo
fecundado desde el vasto infierno de
toda ternura
Pero se hace imposible no esfumarse,
aquí, tan sobrio de armas...
(¿me iré..?
y digamé...
¿debo... riendo, nomás..?
como aquél...
tan así?
Pequeño Gigante, poeta divagante:
ResponderEliminarEstas palabras sí que retuercen el estómago y te dejan así como un estornudo. Qué increíble, qué pluma más filosa, untuosa. Eso de darle curva a:
¿Cómo te intuyes, ya fragmentado
y condenado a la silla
de los que señalan las artes?
Godot nos va a esperar, sé que los papeles se van a dar vueltita. El cielo se bajó los pantalones y nos condenó a la silla! Pero por suerte nos levantamos algunos y decidimos hacer de la nada un túnel al fuego.
Con esta lectura me dan ganas de salir a la calle y sentarme en un cordón, qué sé yo, las armas más inteligentes son las palabras, y con decir inteligentes digo un libro y un racimo de no-fábulas, una guitarra y una fuente de agua.
Yo te aplaudo, tus palabras me inspiran.
Te abrazo sin tiempo.
Agustina Pepper.
Acá me saco la boina y muestro los dientes.