miércoles, 29 de enero de 2014

Habita dentro de mí
a rostro desnudo
(y velo ausente,
y velo desdibujado)
ese viejo artífice del silencio;
siendo así como a su paso
nada queda
nada sobrevive
todo desfallece,
siendo el presente
fértil escenario de un diluvio sombrío
¿y si mañana, quizá
ese impulso gimiera de dolor
y su última bocanada fuese inhibida por mis manos
desprovistas ya, ellas, de torpeza toda, y de escrúpulos?
ah, no... ya no habría significante...
y el dolor siempre es voraz
e insaciable

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