miércoles, 24 de abril de 2013

Centro

Perderme entre la gente,
tragado por la avenida;
por la jauría indomable,
por la garganta del reloj

Ser memoria de secos encéfalos,
ser lo que nunca calificará de recuerdo;
fluír diluyéndome en la mañana turbulenta
sangrar por ésa herida:
arteria de ciudad

Dejarme corromper
por jazzísticos antros
Caer desde alturas indómitas,
raya al medio del plato

Entregar las muñecas
a una prisión de viñedos
y robarle: soga y sombrero,
al policía circense

Perderme en la espesa niebla de las palabras,
saberme olvidado en las antípodas del cielo,
saborear el lunes con un ímpetu de viernes,
desempolvar los domingos que alguien vistió de verde.

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